Navieras

Llevé a mis amigos portugueses a conocer las Islas Cíes por primera vez

Siempre que hablábamos de Galicia, les contaba a mis amigos portugueses lo impresionantes que eran las Islas Cíes. Les enseñaba fotos, les hablaba de las playas de arena blanca, del agua cristalina y del entorno natural casi virgen. Ellos, escépticos pero curiosos, me decían que eso no podía ser España, que parecía más bien el Caribe. Así que este verano decidí llevarlos y demostrarles que ese paraíso existía… y que estaba a tan solo un paseo en barco desde Vigo.

Reservé los billetes con antelación, porque en temporada alta las plazas son limitadas y se necesita permiso de acceso al parque nacional. Todo se puede hacer online, y no tardé ni diez minutos en dejar todo listo. Elegimos salir desde el puerto de Cangas, ya que estábamos alojados por la zona, y el trayecto en barco no solo fue cómodo, sino también parte del encanto del viaje.

Cuando las islas comenzaron a aparecer en el horizonte, vi sus caras de asombro. «¡Parece una isla desierta de película!», dijo uno de ellos. No exageraba. Las Cíes impresionan incluso desde lejos.

Al desembarcar, les propuse ir primero hasta la playa de Rodas. Esa curva de arena blanca que une dos de las islas y que fue nombrada como la mejor playa del mundo por The Guardian. Al pisarla, no podían creerlo. Se quitaron las zapatillas y caminaron descalzos por la arena, maravillados con la claridad del agua y la sensación de estar en un lugar único.

Pasamos el día explorando senderos, subiendo hasta el Alto do Príncipe, donde las vistas son sencillamente espectaculares. Comimos bocadillos que habíamos traído, aunque también pasamos por el pequeño restaurante para tomar un café. Nadamos, hicimos fotos, nos tumbamos a descansar y hablamos de lo increíble que era estar allí, tan cerca de casa, y sentir que estábamos en otro mundo.

Al regresar por la tarde, todos coincidieron: las ilhas cíes como ellos les llaman y superaron sus expectativas. Me agradecieron la idea y ya están planeando volver con más amigos y quedarse a dormir en el camping.

Para mí, fue un placer ver cómo se enamoraban del lugar tanto como yo. A veces uno necesita mirar a través de los ojos de otros para volver a apreciar la belleza de lo que tiene cerca.