Cuando mi hermana me pidió ayuda para encontrar a alguien que cuidara a mis sobrinos mientras ella trabajaba, no imaginé lo complicado que sería dar con la persona perfecta para esa tarea tan importante. Nos pusimos manos a la obra y descubrimos que en Vigo hay muchas opciones, pero no todas encajan con lo que uno espera cuando se trata de los peques. Así que decidimos buscar una cuidadora de niños Vigo que realmente marcara la diferencia, alguien que no solo estuviera ahí para vigilarlos, sino que les diera cariño, atención y un montón de paciencia. Al final, después de varias charlas y pruebas, dimos con una chica que nos dejó boquiabiertos por su forma de conectar con los niños, y eso me hizo pensar en lo crucial que es elegir bien a quien va a estar al lado de los más pequeños cada día.
Lo primero que me di cuenta es que hay cualidades que no pueden faltar en alguien que se dedica a cuidar niños, y no hablo solo de tener un título colgado en la pared, aunque eso ayuda. Por ejemplo, la paciencia es como el ingrediente estrella de esta receta: mi sobrino pequeño, que tiene tres años, puede pasar de estar jugando tranquilo con sus bloques de madera a tirar todo por los aires en menos de un minuto si algo no le sale como quiere. La cuidadora que contratamos no se inmuta con esas rabietas; en vez de regañarlo, se sienta con él, le habla bajito y lo ayuda a armar de nuevo su torre, como si fuera una misión secreta entre los dos. Esa calma que tiene no se aprende en un curso, es algo que lleva dentro, y también la creatividad para inventarse juegos cuando el día se pone gris y no pueden salir al parque, como aquella vez que transformó una caja vieja en un castillo con dragones imaginarios que mantuvo a los niños entretenidos toda la tarde.
Luego está la empatía, que para mí es como el pegamento que une todo esto, porque sin ella no hay manera de entender de verdad lo que los niños necesitan. Recuerdo una vez que mi sobrina mayor llegó del cole con cara larga porque una amiga no la había invitado a jugar; la cuidadora no le soltó un “ya se te pasará” y punto, sino que se sentó con ella en el sofá, le preguntó qué sentía y hasta le contó una historia de cuando ella era pequeña y le pasó algo parecido, todo mientras le hacía trenzas en el pelo para que se relajara. Esa capacidad de ponerse en los zapatos de los niños, de ver el mundo desde sus ojos chiquitos y a veces confundidos, es lo que hace que ellos se sientan seguros y queridos, no solo cuidados como si fueran un paquete que hay que mantener en pie hasta que los padres lleguen. Mi hermana y yo flipamos con cómo esa conexión tan natural ayudó a mi sobrina a soltar lo que le pesaba y volver a sonreír antes de la cena.
Establecer una comunicación fluida con la familia es otro tema que no puede fallar, porque al final esto es un trabajo en equipo entre la cuidadora y nosotros. La chica que elegimos nos cuenta todo con detalle: si los niños comieron bien, si alguno estuvo más callado de lo normal o si pasó algo gracioso, como cuando mi sobrino decidió que su puré de verduras era pintura y decoró la mesa como si fuera Picasso. Nos manda mensajitos cortos durante el día y, si hay algo importante, nos llama sin dudarlo, como aquella vez que notó que mi sobrina tenía un poco de fiebre y nos avisó para que fuéramos al pediatra. Esa transparencia nos da paz, porque sabemos que está pendiente de todo y que no hay sorpresas raras cuando llegamos a casa; además, nos escucha si le pedimos que refuerce algo, como que los niños recojan sus juguetes antes de dormir, y hasta nos da ideas para que las rutinas sean más fáciles para todos.
Pensar en cómo esta cuidadora ha cambiado el día a día de mis sobrinos me hace valorar cada detalle de este proceso. No es solo que los mantenga a salvo, que ya es mucho, sino que les da un espacio donde pueden ser ellos mismos sin miedo a equivocarse. Mi hermana dice que desde que está con nosotros, los niños están más tranquilos y hasta duermen mejor, y yo lo veo cuando paso por casa y los encuentro riéndose a carcajadas mientras ella les lee un cuento con voces raras. Elegirla no fue suerte, fue buscar a alguien con corazón y cabeza para esta tarea tan especial.